June 7, 2009 Por Pedro Baez
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Hace ya muchos años, a poco de haber ingresado a trabajar al Museo, un amigo que sabía que me dedicaba al estudio de El Niño llegó muy entusiasmado trayéndome de regalo un grueso libro de Psicología infantil. Dejándolo sobre mi escritorio, como si trajera un verdadero tesoro, me dijo: ¡Espero que este libro te ayude a resolver los problemas a los cuales con tanto ahinco te dedicas a investigar! En realidad lo que mi amigo no sabía, era que yo me dedicaba al estudio de un niño mucho más travieso que cualquiera de los conocidos y para el cual los libros de psicología infantil poco o nada podían, en efecto, ayudarme.
Este otro Niño al cual me refiero, del cual se ha hablado mucho en estos últimos tiempos y que tanto a las personas como a los gobiernos de nuestros países latinoamericanos les ha dado tantos dolores de cabeza, tiene mucho que ver con el estudio de los océanos y con las variaciones de la temperatura del mar en sus capas superficiales.
El Fenómeno El Niño como tal, es una variación que se produce en las características de la capa superficial del mar y que se manifiesta, principalmente, como una elevación de la temperatura en este sector del Pacífico Sudeste. Este cambio se extiende generalmente desde el sur de Colombia, abarcando las aguas del litoral de Ecuador, Perú y norte de Chile.
Las aguas costeras frente a Chile son generalmente templado-frías, debido a que las masas de agua que caracterizan la Corriente Chile-Perú o de Humboldt reciben la influencia marina de bajas temperaturas del sector antártico y se desplazan desde sur a norte a lo largo de la mayor parte de la costa del país.
Por causas que aún no están muy claras y que son motivo de intensa investigación científica, con una alternancia que aún no está precisada, pero que en ciertos casos puede oscilar entre dos y hasta ocho años, se alteran estas condiciones oceánicas frente al Pacífico Sudeste. Su manifestación más visible es un recalentamiento de estas aguas superficiales. Entre las razones de este recalentamiento se han citado desde procesos cósmicos, como el aumento de las manchas solares, hasta el incremento de la actividad volcánica submarina de este sector del Pacífico.
En casos muy extremos como El Niño 1982-83, el más intenso del pasado siglo, las temperaturas superficiales del mar subieron desde un promedio normal de 17º-18º C hasta 29º-30ºC. Un cambio tan brusco como el citado puede provocar alguno de éstos, o todos los cambios siguientes: a) migraciones de las especies aclimatadas a las condiciones de aguas frías, b) llegada de especies típicas de aguas cálidas tropicales, c) muerte de especies de aguas frías que no han podido evitar el efecto de estas nuevas condiciones tropicales, y finalmente, d) adaptación y desarrollo de algunas especies que por sus condiciones pueden vivir en aguas con amplios rangos de variación en temperatura y salinidad (especies euritermas y eurihalinas). Los peces de estas regiones, acostumbrados a vivir en aguas frías no pueden soportar cambios tan grandes de temperatura y arrancan de estas áreas. Junto con ellos también arrancan las aves y otros animales que se alimentan de estos peces. Cambios de esta naturaleza producen alteraciones en los ecosistemas costeros de los países ubicados en este sector de la cuenca del Pacífico y son motivo de grandes pérdidas económicas, principalmente por la desaparición de valiosas especies pelágicas que sustentan la economía de la región. Estas altas temperaturas marinas provocan además, grandes evaporaciones que intensifican las lluvias y han sido motivo de catástrofes, cortes de puentes y caminos, inundaciones, aluviones y desplazamientos de tierra y barro, a la vez que ocasionan grandes pérdidas en terrenos agrícolas.
También se ha observado que El Niño, junto con provocar enormes daños en forma directa a las pesquerías y a la agricultura, afecta la psicología de los seres humanos, provocando trastornos en la personalidad y en el ánimo.
El nombre EL Niño, que caracteriza el cambio descrito, se lo dieron en un comienzo los pescadores del norte de Perú. Éstos habían observado que con cierta frecuencia se desarrollaba una corriente marina, caracterizada por aguas más calientes que alcanzaba a bañar sus costas en la época cercana a la Navidad. Estas aguas más cálidas traían especies que los pescadores podían vender a mejores precios, transformándose esto en un verdadero regalo de Dios. De modo que “El Niño” hace alusión en realidad al Niño Dios. No obstante, más que un fenómeno local, El Niño es un cambio que afecta al Pacífico Sur. Por esta razón se acuñó el término “El Niño Southern Oscillation” (ENSO). Sin embargo, la apreciación más actualizada permite vislumbrar que el desarrollo de este fenómeno es un proceso global, cuyas influencias, las más de las veces negativas lamentablemente, se extienden a todo el planeta. Así ocurrió en el aludido El Niño 1982-83, cuya influencia también abarcó a todo Centro América e incluso a toda la costa de California.
Una vez que el efecto térmico de El Niño ha pasado, hace su aparición “La Niña” la cual, tan díscola e implacable como su hermano, es el cambio oceanográfico contrario, que representa la disminución de la temperatura superficial del mar en el sector. No obstante, muchas veces esta Niña es tan fuerte que enfría estas aguas haciendo difícil la evaporación del mar y debilitando la formación de nubes. Los días se tornan muy soleados y bonitos, pero sin lluvias, lo que provoca grandes sequías.
El estudio arqueológico de “conchales” ha permitido estimar que El Niño y La Niña son procesos muy antiguos, que se vienen produciendo desde hace varios miles de años frente a nuestras costas. Por lo tanto, es necesario seguir estudiándolos para amortiguar los efectos adversos que puedan provocar y acostumbrarnos a convivir con ambas “criaturas”, ya que forman parte de la naturaleza única de nuestra querida Latinoamérica.



